La mujer tiene una resiliencia asombrosa. Se puede estar muriendo de dolor, sin ganas de nada, llorando por dentro, pero si hay que hacer una tortilla de patatas, se hace. Está llena de recursos. Haya paz o haya guerra, haya comida o no, sean tres o veinte a la mesa, siempre encontrará algo que nos llevemos a la boca. En una queja constante, pero sin que te des cuenta, la casa está ordenada y funcionando como un relojito. Esa era mi madre. Yo a su lado soy una payasa -con todo el respeto que me merecen los payasos. Me creo con derecho a todo y sin obligación de nada.
No nos olvidemos del amor de hacer algo por alguien. Por favor, no nos olvidemos.


