Marilyn mastectomizada

Versión en rojo de la levantada de faldas de Marilyn.

En realidad no hay aire que mueva mi falda y no pretendíamos recrear ese momento pero, como muchas veces pasa, de los errores nacen cosas valiosas, que no son ni mejores ni peores, sino simplemente resultado del azar, meras causalidades que nos enseñan cosas, haciéndonos evolucionar.

Hay días que me siento evanescente, como si no pisara la tierra. Suele ocurrirme cuando estoy muy cansada, o desilusionada, o cuando tengo angustia, y hay una parte de mí que quiere irse, desvanecerse, elevarse por encima de los problemas. Supongo que le pasa a todo el mundo. En esos momentos me visualizo a mí misma pequeñita, del tamaño de un guisante, metiéndome dentro de mi corazón y quedándome acurrucada en el centro, escuchando el latido, simplemente escuchando. Enseguida la tensión desaparece, el cansancio se aligera y recupero un poquito las ganas de seguir. Si me quedo ahí un buen rato, es como recargarse, como estar en el centro del centro, adonde pertenezco, donde todo está bien. Cuando vuelvo afuera las circunstancias no han cambiado pero yo sí.

Carlos López Otín, biólogo molecular, dice: "Si la vida fuera perfecta, en términos biológicos funcionales, seguiríamos siendo microbios, no hubiéramos evolucionado". Bendita imperfección que permite que no seamos microbios, copias exactas de nuestros padres, que abre un espacio para experimentar y ser humanos.

La fotaza es de Nacho García.

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